Agripina Minor, ¿un caso de mala prensa?

Ya me lo decía mi profesor de geografía el primer año de carrera: “el papel todo lo aguanta”. Una lo va comprendiendo con el paso de los años, viendo como las mismas ideas continúan, se calcan, copian, a la espera de algún momento de renovación. ¿Y si eso que conocemos de alguien es simplemente el rastro de la tirria que le tenían en su momento? ¿A caso no pasa aún en los medios sensacionalistas?

Si haces una búsqueda rápida en la Red de «Agripina la Menor» te encontrarás con: asesina, conspiradora, malvada, escandalizadora, incestuosa… Lo curioso es que si te das una vuelta por la bibliografía académica te encuentras con el mismo tipo de cosas.

¿Qué diferencia hay entre esta mujer y el resto de sus contemporáneos (que también mataron, se corrompieron, se acostaron con quienes quisieron y, en definitiva, no eran un modelo ideal de comportamiento)?

En este post no vamos a hacer un repaso de la vida de Agripina, eso lo podéis encontrar en las obras citadas y en un montón de lugares online. Más bien nos vamos a centrar en cómo ha evolucionado (o no) su imagen en los estudios históricos y en la literatura.

A ver, primero un poco de contexto. Agripina la Menor, Minor, o la Joven, vivió entre el 15 y el 56 d.C., es la hija de Agripina la Mayor y Germánico. Es hermana de Calígula (sí ese monstruo que conoces) y madre de Nerón (sí, ese otro monstruo que también te suena), último miembro de la dinastía Julio-Claudia. Toda esta gente representó una saga familiar con un alto componente de telenovela.

Agripina nació un año después de la muerte de su bisabuelo, Augusto, el gran princeps hecho dios (por él mismo, no era listo ni na’). Vivió durante los reinados de Tiberio, Cayo, Claudio y Nerón. Fue pionera de un nuevo papel para las mujeres imperiales: activo políticamente y poderoso, rebasando la frontera tradicional del comportamiento femenino. Llegó a gobernar junto a su hijo como emperatriz de Roma y escribió unas Memorias, no conservadas, para contar su vida y la de los suyos. El género femenino no fue reconocido en el mundo Antiguo con singularidad jurídica, con lo que no podían opinar formalmente de política ni ocupar un cargo público. Dentro de este mundo Agripina ejerció un papel lo más cercano a una emperatriz de facto.

Fue maltratada, humillada y asesinada. Su nombre fue sinónimo de una advertencia para las mujeres sobre lo que era un comportamiento incorrecto durante siglos.

Retrato de Agripina Minor en el MNAR.

Si nos sumergimos a hablar de su imagen sobre el papel, la dinastía julio-claudia fue muy documentada… si entendemos por bien que hay más de una única fuente fragmentaria. Lo que quiero decir, que hacemos un gran uso de la empatía histórica (y de un poco de imaginación) para reconstruir personajes de esta época.

Nieta, hija, hermana, esposa y madre, son los papeles de Agripina ,una acompañante de hombres. Nunca sola, como si fuera un individuo propio. Sin embargo, a través de ellos va a lograr ejercer un poder político real sobre el Imperio.

«Agripina […] pretendía el Imperio para su hijo, pero no podía tolerar que lo ejerciera.»

Tácito, Anales, XII: 64.

Tenemos solo tres fuentes literarios importantes que mencionan a Agripina con un cierto. Los Anales de Tácito (116 aprox.), las biografías de los emperadores desde Julio César hasta Domiciano escritas por Suetonio y conocidas como Vidas de los Césares (121 aprox.), por lo que vamos a encontrar a las mujeres en el fondo de las biografías de los hombres; y la Historia romana de Casio Dion (230 aprox.) Todas ellas pertenecen a un género diferente de la literatura romana, se publican entre 50 y 180 años después de la muerte de Agripina y no se conservan por completo.

Estas fuentes son extremadamente moralizantes. Por ejemplo, Tácito habla de la dinastía julio-claudia como de “tiempo emponzoñado y manchado de adulación” lo que no deja de ser una opinión. Muchas veces, el relato de Tácito se dedica a “leer la mente” de los protagonistas para hacer que la historia funciona como él quiere. En esta narración, Agripina ocupa un lugar destacado como símbolo de todo lo malo del sistema imperial.

La imagen de Agripina que nos llega de los autores antiguos es terrible, pues consigue rozar el poder a través de asesinatos, incestos, falsas acusaciones y todo lo necesario. Según opina M. Esperanza Torrengo Salcedo, a la muerte de su padre, de todos los descendientes de Augusto que pudieron haber heredado el Imperio y sobrevivir a las intrigas palaciegas, seguramente ella era la más capaz.

Reverses busto de Agripina, MAN, (Imagen disponible en el portal CERES).

En Roma la tradición define unos estereotipos sobre cómo han de comportarse las mujeres. En este mundo su papel no sobrepasa la casa y la crianza (desde aquí viene todo lo malo). Cada vez que una mujer protagoniza cualquier actividad fuera del ámbito doméstico merece un retrato negativo, a menos que su intervención esté destinada a mantener la castidad o el honor de su padre o marido. Los episodios con mujeres como protagonistas o contienen hechos propios de heroínas a las que el mundo debe alguna gesta o se trata de desvergonzadas, hábiles seres maléficos que tienen la capacidad de torcer la voluntad varonil.

En general, la voz femenina está ausente, pues se centran en relatos masculinos de las élites sociales urbanas. Las mujeres no responden a versiones «reales» de las protagonistas, sino a representaciones «imágenes» y «reflejos» que no muestran sino el «ideal» femenino construido por el discurso masculino que comporten autor y auditorio.

Algunas de las acciones que, generosamente, le atribuyen a Agripina las fuentes antiguas son:

  • Envenenamiento de sus dos maridos.
  • Relaciones adúlteras con hombres influyentes.
  • Relaciones incestuosas con su hermano, su tío paterno y su hijo.
  • Responsable de que Nerón saliera con mala leche (comúnmente llamada mala madre).

«Agripina, hija de Germánico, hermano de Claudio, aprovechando su derecho de besarlo y a las múltiples ocasiones que tenía de mostrarse tierno con él, le hizo enamorarse de ella a base de caricias.»

Suetonio, Claudio, 26: 3.

¿Qué hace grande a cualquier miembro varón en el poder que hubiera cometido estas faltas, y terrible a la mujer que también las practica?

¿Qué hay de verdad? Es difícil desentrañarlo entre tan poca información y, encima, subjetiva. Posiblemente fuera una mujer tanto decidida y capaz, como desagradable. De sus capacidades políticas y diplomáticas no dan cuenta las fuentes. Para los autores antiguos los caracteres humanos son presentados casi siempre dentro de modelos genéricos. Entre las mujeres de alto rango es recurrente acusarlas de ser envenenadoras (basta hacer un repaso a otras grandes reinas), tanto que Tácito lo llama muliebris fraus, “engaño mujeril”. Encima, poco originales.

¿A qué conclusión llegamos? Estas fuentes nos ofrecen una información en el nivel de cualquier web online. Bajo el “cosas de mujeres” quedan ocultas cualquier clase de actos, simplemente porque se consideraban cosas aburridas e irrelevantes. Podemos ver a Agripina en la historia solo porque fue hija, sobrina, esposa y madre de hombres poderosos. Y, aún así, la conocemos algo mejor que a la mayoría de las mujeres.

Las fuentes hablan únicamente de su ambición «femenina» y del uso de la seducción para plegar a los hombres, no de, por ejemplo, lo poco común que era su inteligencia y formación intelectual, que se plasman en las memorias que escribió y que leen Tácito y Plinio. Además de actuar activamente en el mundo político y diplomático.

Vivió 43 años y gobernó el Imperio durante más tiempo que muchos emperadores, destacando por encima de las pocas capacidades de otros como Calígula o Claudio. En un marco familiar de la excelencia del linaje y sus derechos, vio desparecer uno tras otro a su padre, su madre y sus hermanos. Su obligación era entonces complicar con el derecho de continuar el linaje destinado a heredar el Imperio. Solo 150 años después imitaría su influencia la emperatriz siria Julia Domna.

Su figura tardó mucho en ser reivindicada. En el Foro de Trajano apareció una cabeza monumental que se ha identificado como de Agripina, puesta ahí, puede ser honrada y para diferenciarse del tirano Nerón.

«Cuando llegó a palacio, Agripina logró un absoluto control sobre Claudio. Fue muy astuta ganándose, tanto por miedo como por favores, la adhesión de todos los que se encontraban en su entorno.»

Dión Casio, Historia Romana, 61: 32, 1.

¿Y qué pasó después? Vamos a avanzar algo en el tiempo.

Giovanni Boccaccio en el siglo XIV la va a incluir en su De las mujeres ilustres, un tratado muy interesante del que hablar, la nombra por su fama, y sus “propia y claras hazañas”. Aunque digamos que Boccaccio más bien habla de las relaciones políticas acontecidas en los hombres de su vida.

Miniatura de la obra de Boccacio en la BNE digital. Encontramos a Agripina en la figura de la derecha de la imagen.

Sin embargo, cuando llegamos a ese siglo XIX que marcó las pautas de las grandes academias el «padre de la historia Antigua» del momento, Theodor Mommsen, cayó en el error de traer a Agripina al mundo moderno en los mismos parámetros que los antiguos y dedicarle un total desinterés: “La moral y conducta de Agripina no eran mejores que las de Mesalina, y además era locamente ambiciosa”. Y ya está, tan pancho se quedó. Si en algún momento se plasmó un sexismo T O T A L fue en las creaciones del siglo XIX.

De esta forma se normalizó el uso de toda clase de adjetivos para este personaje, tanto así que el famosísimo escritor Isaac Asimov en el tomo de su historia dedicado al Imperio dice lo siguiente:

«Luego se casó con Agripina, hermana de Calígula y sobrina suya. Ella había estado casada antes y tenía un hijo, Domicio, quien adoptó los nombres imperiales de Nerón Claudio César Druso Germánico […]. La máxima aspiración de Agripina era hacer emperador a su hijo Nerón. Persuadió a Claudio de que adoptase a Nerón como hijo y lo hiciese su heredero con preferencia a su propio hijo Británico, quien era más joven que Nerón. En 53, Nerón reforzó su posición mediante su casamiento con Octavia, hija de Claudio. En ese momento, Nerón tenía quince años y Octavia once. Logrado todo esto, Agripina no necesitaba más a Claudio. Según posteriores historiadores senatoriales, hizo envenenar a Claudio en 54 e hizo que la Guardia Pretoriana reconociese a Nerón como su sucesor mediante la promesa de una generosa gratificación.»

Isaac Asimov, El imperio romano (1967)

Prácticamente habremos de esperar hasta los años 90 del s. XX para encontrar unos estudios justos y detallados sobre Agripina, con la obra de Anthony A. Barret (Agrippina, 1996). Aquí hace un análisis profundo, atendiendo a cuestiones objetivamente históricos y usando muchísimas fuentes contrastadas.

En 1992 el latinista Pierre Grimal, conocidísimo por sus trabajos sobre mitología, escribió la novela, plenamente histórica y fundamentada, de Memorias de Agripina. Trata de reconstruir las Memorias que habría escrito Agripina, apoyándose en testimonios escritos y epigráficos y dotándola de detalles para recrear la época. Da voz en primera persona a Agripina, con un carácter intimista, de sus pensamientos y emociones.

“Pero también me importaba mucho que, por su familia, fuese digno de nuestra estirpe, que no dejase que la sangre que yo llevaba en mí perdiera el rango que le correspondía. Esa sangre era la que me habían legado el divino Augusto, a través de su hija Julia, y Antonio, cuando estuvo casado con Octavia, unión de la que nació mi abuela Antonia, la madre de Germánico. Yo sentía que no tenía derecho a dejar que se agotara y se perdiera en una unión indigna. Esa era mi gran preocupación, y estaba inquieta, porque la elección de marido no me competía, ni tampoco le competía a mi madre.”

Grimal, Memorias de Agripina (1992).

Grimal, desde la perspectiva de Agripina, explica cómo es el mundo que la rodea y aquellas causas que impulsan sus acciones, dentro de la mentalidad de la época. Además, nombra y describe a otras mujeres como Livia, Livila, Tranquil o Antonia.

“Así, por razón de Estado, el incesto de Cayo y Drusila no salió a la luz […] recordé que cuando viajamos a Egipto, Cayo descubrió que entre los reyes y entre los dioses existían tales cosas. Recordé también que tal descubrimiento le impresionó mucho. Nuestra familia era la familia de un dios y en ella no faltaban los reyes, cualquier que fuere el nombre que se daba al príncipe. ¿Por qué iba a estar prohibido a nosotros el incesto?”

Grimal, Memorias de Agripina (1992).

“Sucedió, por una especie de extraña justicia, que fuera yo misma la encargada de proporcionarle los medios, cuando, por propia iniciativa, rodee a Británico de una serie de personajes poco escrupulosos y dispuestos a todo. Fueron sus propios preceptores quienes le dieron a beber vino envenenado. Así el crimen que mis precauciones hicieron posible y del que yo esperaba, cuando las tomaba, que beneficiara a Nerón fue cometido por el propio Nerón y contra mí.”

Grimal, Memorias de Agripina (1992).

La colección Poderosas de RBA, de la que hemos hablado muchísimos por Instagram, ha traído a muchas mujeres de vuelta analizando su evolución historiográfica y proporcionando episodios de su vida de una forma narrada. “Mucho más que la madre del emperador”, la historia de una mujer que hizo realidad su deseo de participar activamente en el gobierno y ser más relevante que muchos hombres, es el punto de vista de este ejemplar. Escrita en tercera persona incluye unos pasaje finales recopilatorios de su visión siempre interesantes.

Quizá la mejor obra para terminar este artículo y que sí trata de hacer una revisión concienzuda de nuestra protagonista, que yo misma he usado para este artículo, es el libro de Emma Southon, Agripina, la primera emperatriz de Roma (2018). Y que empieza tal que así:

Esta es la historia de una mujer extraordinaria. Extraordinaria porque vio los límites del mundo que el mundo le imponía a causa de su sexo y decidió, sin más, que esos límites no iban con ella. Vio con claridad aquellos ámbitos en que las mujeres no podían entrar, los tomó al asalto de todos modos y, como resultado, fue asesinada. Esta es la historia de una emperatriz que fue hermana, sobrina, esposa y madre emperadores; es una historia con incestos y asesinatos, con guerras y conquistas, con conspiraciones y súplicas. Tiene un poco de todo lo que una buena historia debería de tener, porque, por encima de todo, es una historia.

Emma Southon, Agripina, la primera emperatriz de Roma (2018).

Puedes consultar el capítulo de Agripina en la obra de Boccaccio aquí: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000176846&page=98

Imagen de portada : Nerón frente al cuerpo de su madre, Agripina Minor, Arturo Montero y Calvo (1887).

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