4 ciudades (que ya no existen) a las que quiere viajar una arqueóloga

Llega el año nuevo, la avalancha de planes y ganas de viajar se acumulan, sobre todo, después de estos tiempos de incertidumbre, cierre de fronteras y certificados de entrada. A lo que se une que si «el año pasado no hice lo que quería», que si «llevo postergando mucho este destino», que «este año sí que ahorro», cambiar de vida, estar más sanos y… siempre… ¡VIAJAR MÁS!

¿A dónde les encantaría ir a las frikis de la historia y las culturas antiguas?

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Troya, cerca de la actual Çanakkale (Turquía). Juego con ventaja porque… ¡ja! yo tengo este destino desbloqueado. Para los occidentales la cólera de Aquiles, es decir, la Ilíada es el texto más influyente de la literatura (aunque ya sabemos que tiene abuelos mucho más antiguos que él). Sea porque eres amante de lo clásico que se funde con lo oriental, o que lo que haces es babear al recordar a Brad Pitt en armadura, Troya es un destino que, dando igual lo que nos encontremos, va a emocionarnos.

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Desde la ciudad costera y universitaria de Çanakkale debemos coger, bajo un puente lo vas a encontrar, un minibús público que nos llevará hasta Troya. Esta es la versión de servicio público, me supongo que podrás encontrar excursiones privadas. El yacimiento de Troya se encuentra cercano a un pequeño pueblo lleno de alegorías a la Antigüedad para el turista y, cercano a él, también está el museo de arqueología del lugar.

Si bien es cierto que no te vas a encontrar con ningún dios, héroe o personaje literario (he aquí un gran debate donde no me voy a meter, aunque diré que yo soy pro «aquí ningún Agamenón puso nunca un pie») sí vas a poder admirar las grandes murallas, repetidas en todos los niveles de la ciudad. Pues conservamos varias «Troyas», por ahora, detectadas, unas diez. Cuando el bonito de Schliemann vino aquí a expoliar todo lo que encontró, se llevó por delante lo que él mismo creía que fue la ciudad de Príamo.

Te recomendaría que te dejaras sorprender por la Troya II, un nivel de la ciudad fechado entre el 2600 y el 2350 a.C., que está ahora mismo una parte techada financiada por la UNESCO (parece la única parte del yacimiento donde hay inversión, la verdad). Se trata de una reconstrucción de las imágenes conservadas de principios de siglo, pues esta fue quemada en las intervenciones de Schliemann, ya ves, el tipo… Sin embargo, transmite una fuerza y nos pone en contexto de todo lo que va a ser después. ¿Quizá el mito empezó divisando a lo lejos unos rojizos y destelleantes muros?

(*** En el yacimiento hay un caballo muy feo, ve al paseo marítimo de Çanakkale que los de la película dejaron allí como regalo el caballo usado en la grabación).

Typical imagen de la sucesión de los niveles del yacimiento.

Los Millares, Santa Fe de Mondújar (Almería, España). Yacimiento, ciudad, murallas, guerra, arcaico, misterio… este lugar lo tiene todo para construir tanto conocimiento e interés en el público y, sin embargo, es TAN DESCONOCIDO (por los que no son de la zona y no han estudiado la prehistoria reciente de la península Ibérica, claro). Tanto es así, que en la literatura académica muchos investigadores la han denominado, sino la primera ciudad de Europa, sí de las más importantes. Según las fechas publicadas en los años 70, su cronología estaría en la segunda mitad del siglo III a.C., aunque las primeras intervenciones arqueológicas se venían realizando desde finales del s. XIX por Luis Siret.

Millares no es solo la ciudad, con sus diferentes expansiones definidas por las murallas y torreones, sino también fortines a lo largo de todo el valle. Si nos fijamos, la ciudad está dispuesta estratégicamente para ser inexpugnable, usando los elementos del relieve como los ríos (se sitúa en un espolón formado por los ríos Andarax y Huéchar) y las montañas en su favor y disponiendo esos más de diez fortines por todo el valle para avisar de la llegada de cualquier contingente. ¿Qué clases de problemas violentos habría en ese momento para tal necesidad de defensa? Después hablamos de que si los vikingos y «esa gente del norte» se daban leña…

Una de las cositas que ya manejaba esta gente, que los hacía importantes y los separaba del Neolítico (ese momento en los que se empezó a plantar conscientemente, a encerrar animales y a jugar con cerámica), era el dominio de ciertos metales, como un cobre local.

Aún vienen los listos de turno a decirte que esta gente no estaba lo suficientemente desarrollada porque sus casas-cabañas eran redondas… y para tener sentido de urbanidad deben construirse con ángulos rectos. ¿Pero han visto qué cosa más espectacular?

¿Verdad que te suena este cuenquito de ojos grandes? Hay muchos motivos más de este tipo por ahí, eh… Autor de la imagen: José-Manuel Benito Álvarez
Imagen típica que se usa siempre para mostrar la reconstrucción de Los Millares. Autor: Miguel Salvatierra Cuenca.

Muy bonita la reconstrucción, donde sabemos que primero se amplió y en sus etapas finales se volvió al núcleo original. pero ¿Qué fue y qué queda hoy en día? De lo que fue a lo que puede contemplarse no queda mucho, si bien es cierto que hay diversas reconstrucciones y la visita también es gratuita.

Vista aérea de la puerta principal ¿No se quitan las ganas de asaltar el lugar viendo como te pueden tender una trampa enseguida por ese cuello de botella?
Autora de la imagen: dra. Ana M.ª Vázquez Hoys. Puedes visitar aquí su reseña del yacimiento y la ciudad: https://www2.uned.es/geo-1-historia-antigua-universal/NOTICIAS/Recreacion_de_los_Millares.htm

Karnak, ribera oriental del Nilo al norte de Luxor (Egipto). Egipto, en sí, sabemos todas que es un destino al completo que queremos pisar. Pero si sois amantes también de su cine sabéis que este lugar ha sido tantas veces nombrado y grabado que se ha marcado en fuego dentro de nuestras cabezas. Pero ¿Qué hay exactamente en eso que llamamos, libremente, «Karnak»? Pues lo que se te viene a ti a la mente es un templo.

Karnak es el topónimo de la aldea formada por el Santuario de Montu, el Santuario de Mut y el Gran Santuario de Amón. El templo que nos interesa es el último, el del dios Amón, deidad principal de Tebas.

Su fundación la situamos en el llamado Imperio Nuevo, aproximadamente, entre el 1680 al 1090 a.C. En este periodo los arquitectos establecieron una norma para los templos, que no eran funerarios, y este es un ejemplo de ello: una avenida larga con obeliscos y estatuas colosales de los faraones, portales flanqueados por torres que dan al patio, una sala con columnas y una zona donde se encuentra el propio santuario (naos). El de Amón en Karnak es uno de los más importantes de la época.

Junto al templo nos encontramos un canal artificial parte del dios REAL de Egipto, el Nilo, donde arribaban las barcas sagradas y recorrían una avenida de esfinges criocéfalas (mutación de león y carnero) hasta el templo.

La parte principal es la Gran Sala Hipóstila de Sethi I y Ramsés II o “el bosque de las columnas” pues podemos contar hasta 134. Las 12 columnas de la nave central tienen capiteles papiriformes (con forma de hoja de papiro) y las 122 columnas restantes se sitúan en las catorce naves laterales, con flores de loto cerradas. Los arqueólogos han reconstruido la capilla de Sesostris I y el santuario de alabastro de Amenofis.

Apamea, a 50 km de Hama (Siria). Vale, lo sé, este destino es muy posible que no te suena absolutamente de nada. Actualmente se la conoce como Qal`at al-Madhīq. En la antigua Phrygia (Frigia), la ciudad de Apamea surge de una historia de amor, ¿A qué te lo vendo bien, eh? En el 300 a.C. el rey Seleuco I Nikator, último de los diádocos (generales poderosos de la época de Alejandro Magno), la crea en honor y con el nombre de su esposa Afamia.

Como muchas ciudades orientales, fue una de las más grandes del Imperio romano, tanto por su número de habitantes como por lo bello de la misma que aún se puede intuir entre los pocos restos que nos cuenta su historia. Fue en Apamea donde en el 190 a.C. se firmó el tratado de paz entre Roma y el reino seléucida de Antíoco III «el Grande», después de unas guerras que le estaban amargando la vida a Roma en Oriente, pero que ahora van a ser la antesala de su dominio «estable» en el Mediterráneo.

Aún hoy es visitable el cardo máximo de la ciudad (calle principal del norte al sur), con una calzada de casi dos kilómetros, fruto de los mandatos de Trajano, Marco Aurelio y Septimio Severo, con casi cuarenta metros de ancho y custodiado por columnas y terminando en las puertas de Antioquia y Homs. También se conservan restos de la muralla, las termas, el ágora o el teatro, es decir, todas esa buenas partes prototípicas que tienen las ciudades romanas.

Arquetípico plano de una ciudad romana que todas hemos visto/trabajado alguna vez. Fuente: Blog Profesor de Geografía Pedro Oña.

Junto a Palmira, Apamea ha sufrido los saqueos y la destrucción de los últimos movimientos extremistas y la guerra en Siria.

Restos de Apamea. Autor de la imagen: Bernard Gagnon
Cardo máximo. Autor de la imagen: Heretiq

A ver, ¿Para cuando la oferta de trabajo de las agencias de viajes? Aquí estoy esperando. Mientras tanto, cuéntame, ¿Para que gran viajes vas a ahorrar este año?

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