Buscando (l)a Fortuna

Si tuviéramos que ponerle cara a la Fortuna para muchos tendría el rostro de una mujer que lee el futuro en las cartas o las manos, para otros el de un pequeño pelirrojo al otro lado del arcoíris que sale en los anuncios después de medianoche, el señor sin pelo que antes anunciaba la lotería de Navidad y que solo recordamos una parte de la población o, simplemente, alguna prueba que ha salido positiva o negativa.

No te diré que tus ideas estén del todo desencaminadas…

Hace un par de siglos, allá cuando los romanos ya hacían de las suyas por Italia, la Fortuna más bien se invocaba rezando. Pero rezando de verdad, no eso que haces cuando estás en la tanda de penaltis. Porque Fortuna era una deidad, mujer y se encontraba en todos los altares. Todos esos altares, además, estaban en casa, no había que acudir a ningún otro lugar.

Fortuna es la copia romana de la Tyché griega, claro, sabemos lo bien que se les daba a los romanos de tomar dioses y reformularlos a la medida de su mundo.

Según la leyenda, de mano de Ovidio, quien trae su culto a Roma fue Servio Tulio. Nacen con ella y ligadas a su culto las famosas sortes praestinae, respuestas oraculares comunicadas por medio de trozos de madera inscritas, conservadas en un arca de madera de olivo y que eran extraídas al azar para ser interpretadas ante quien había hecho la consulta. El azar , manejado primero por los dioses, acabó convertido en la diosa más poderosa, dueña de todos los destinos.

¿Cómo reconocemos a Fortuna? De nombre de pila Fortuna, pero a veces con el mote de Fors, se trata de una señora muy divina, vestida con una túnica de amplios pliegues, una cornucopia (sí, también típica de los lugares de apuestas) y un timón, para navegar por lo que te va a ocurrir, el «puro azar».

El cuerno de la abundancia sí nos suena a todos y es algo que hemos mantenido, pero cambiando lo que de verdad es sano y próspero, por monedas de oro. Bueno no pasa nada. Pues esa cornucopia tiene la tira de años y está muy relacionada con la verdadera Fortuna.

También es posible que te suene eso de la «rueda de la fortuna» (recurso también explotadísimo por las casas de apuestas), es normalmente una representación renacentista. En ella Fortuna puede aparecer con los ojos vendados y coronada junto a una gran rueda que representa la imprevisibilidad de la vida. Unos días puedes estar arriba y, otro, en lo más hondo.

Diosa Fortuna, MAN.
Miniatura de la rueda de la fortuna, en «De casibus virorum illustrium» de Boccaccio (1467). Disponible en Glasgow University Library, MSS Hunter 371-372 (V.1.8-9).
Ara romana con pintura conservada donde se ve una representación de la diosa Fortuna (derc.) y de Hércules (izq.). Museo Arqueológico de Milán.

Pero como nos pasa a todos ahora mismo, que no entendemos las diferencias entre cual o tal virgen, santo y demás, los romanos de hace dos mil años también confundían divinidades, las asociaban y las reinventaban. Fortuna muchas veces se asocia a otras divinidades femeninas, por ejemplo, como eran tan grandes los intercambios con Egipto (básicamente porque estamos en el Mediterráneo), se la asoció con Isis. Se crea así Isis – Fortuna. Esta suele portar una flor de loto y la media luna (¿también un símbolo que vemos hoy en día en representaciones religiosas, no?).

Representa el Destino, pero no nuestro “destino”, sino el destino de los antiguos, que no era más que el juego cruel e irónico que hacían los dioses con la vida de nosotros, simples mortales. La podemos encontrar en los pequeños lugares de culto de cada casa romana (conocidos como lararios, que nace del término lar…). Para muchos se ha conservado en la expresión «la rueda de la fortuna»…

Su culto se extendió de forma fulgurante por todo el Imperio romano y fue adorada bajo múltiples advocaciones y solía ser invocada en múltiples actos y circunstancias, no sólo de la vida pública y oficial sino también de la vida privada. Los romanos reconocían un gran número de aspectos diferentes de la diosa conocida como Fortuna.

  • Fortuna Augusta: la suerte del emperador.
  • Fortuna Balnearis o «Fortuna de los baños»: adorada por los militares en provincias fronterizas del Imperio. Eran levantados altares sobre todo en baños cercanos o construidos en los propios asentamientos militares, a menudo en estas ofrendas se asociaba a Fortuna Salutaris, la «Fortuna de la salud y del bienestar físico» y asimismo a la Fortuna Redux, la «Fortuna del regreso», para volver a casa.
  • Fortuna Privata, «fortuna personal» frente a la Fortuna Publica, «la fortuna colectiva».
  • Fortuna Muliebris: culto especial para las mujeres romanas.
  • Fortuna Virgo: la de las bodas, a la que las novias romanas dedicaban sus ropas y juguetes antes del matrimonio.
  • Fortuna, la Primigenia : tenía su santuario en Praeneste, el Lacio, dentro de un gran complejo dedicado que incluye un teatro y un centro oracular.

Con tantas formas de representar, y buscar, la fortuna, es normal que tuviera un montón de fiestas, tanto en Roma como fuera la ciudad. Algunas eran el 25 de mayo, el 11 de junio, 13 de agosto o el 13 de noviembre. Y también, pues será normal encontrar muchísimas ofrendas o dedicaciones. Estas no han cambiado tanto a las que solemos hacer hoy en día, pues se le daba las gracias a la diosa por cualquier suceso feliz, como conseguir algo que se deseaba, un ascenso, tener hijos…

¿Crees que esta Fortuna está lejos de lo que piensas que es tu fortuna/suerte/destino? Lee ahora a los clásicos para que nos den claridad…

«[…] pues en todo el Universo, en todas partes y a todas horas sólo se nombra y se invoca a la Fortuna. Es la única a la que se acusa, la única a la que se considera culpable, la única en la que se piensa. Sólo a ella se dan alabanzas, sólo a ella se hacen reproches, y aun con insultos se le rinde se le rinde culto a ella que es voluble y […], pero, además considerada generalmente ciega, mudable, inconstante, insegura y, a veces, cómplice de seres indignos. A ella se le asignan todas las pérdidas y a ella todas las ganancias: en el cómputo total de los mortales ella sola cubre la doble página, y hasta tal punto estamos a merced de la suerte que simplemente es ella la que existen lugar de un dios, con lo que se demuestra que un dios es hipotético…»

Plinio el Viejo, Historia Natural, Libro II, 7(5).

¿Dónde buscas tú a Fortuna?

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